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lunes, 24 de junio de 2013

La movida madrileña del siglo XVIII


A principios de la década de los ochenta, los jóvenes punk de los barrios decidieron cambiar de vestimenta y a empezar a parecer guapos, cambiando de música y de estilo en una nueva reivindicación. Eran los nuevos románticos, la “gente guapa” de la movida. Pronto, los jóvenes de las clases más pudientes empezaron a imitarles en su moda, hasta tal punto que se les llegó a asimilar con lo pijo. No hay que olvidar que música pop es el abreviativo de popular, en contraposición a la música clásica u orquestal.

A finales del siglo XVIII, los jóvenes de las clases populares se niegan a seguir los patrones y la moda de sus mayores, reaccionando contra la influencia francesa e italiana. Se niegan a llevar pelucas (menudo acierto porque vaya piojera más asquerosa) y llevan el pelo con redecillas. Ellos se niegan a vestir con casaca y lo hacen con chaquetilla corta. Ellas se niegan a llevar el incómodo miriñaque (armazón de alambre para mantener abierta la falda) y en cambio visten falda de vuelo con mandil. Y ambos les encantan vestir con bordados, muy del gusto rural y popular.

Es una reacción informal y juvenil al barroquismo y clasicismo entonces imperantes. En quizás, un preludio del romanticismo.

Esta moda es imitada por los jóvenes de las clases pudientes, que aborrecen las incómodas pelucas y se quieren parecer a esa gente guapa, que usando su sinónimo se les llama majos y majas. A los jóvenes de clases altas les fascinan aquellas jóvenes descaradas y barriobajeras que les guiñan un ojo a través de un abanico. Y ellas se sienten atraídas por el prototipo de majo, que es el arquetipo del torero, guapo, valiente y chulo.

Y es que tienen en los toros su mayor afición. Carlos III prohíbe las corridas de toro excepto las benéficas. Y con esto lo que hizo fue fomentarlas al máximo, ya que proliferaron como nunca porque la gente además de ir a divertirse, iba con el aliciente de contribuir para una buena obra. De esta manera, los trajes taurinos se inspiran en esta moda.

Moda goyesca. Fue Goya el que la inmortalizó en sus cuadros. Goya es pintor de la Corte y le va muy bien. Pero no por eso debemos pensar que Goya es un simple satisfecho. Si algo, entre otras cosas, tiene valor la pintura de Goya es la sinceridad de su pincel. Pinta a los reyes y a personajes ilustres, que le pagan por ello, pero también pinta peleas (Riña en el Mesón del Gallo) y escenas costumbristas (El albañil borracho, La novillada, La letra con sangre entra).

Llegando el buen tiempo, la Pradera de San Isidro se llena de gente a disfrutar del campo y de la naturaleza.


La pradera de San Isidro. Goya. 
El lugar favorito de reunión de los majos. Un lugar lleno de alegría y sol.


Los padres están horrorizados por aquellos jóvenes que visten desenfadadamente, van a las afueras a hacer y frecuentemente acaban borrachos y no tienen otra preocupación que el baile, los toros y la música.


La merienda. Goya.

A Goya le encantan los majos y las majas, también llamados manolos y manolas. Entre estos hay de todo tipo. De clase más humilde y otros de más acomodada. Quizá se han mezclado y se han vuelto algo pijos, jugando a volar cometas, los majos, o al pelele, las majas, y ambos a la gallina ciega.


La cometa. Goya


El pelele. Goya


La gallina ciega. Goya

Goya se siente fascinado por ellos y les pinta con rostros bellos y dulces. Representan la alegría de vivir y la juventud. Es un Goya que sus pinturas reflejan luz, alegría, juventud, belleza y amor a la vida.


El quitasol. Goya

Musicalmente, desprecian la música de cámara, pero en cambio les atrae la música popular, la guitarra, la pandereta, las castañuelas y el baile.

No sólo Goya se siente atraído por esta especie de tribu urbana. El genial músico italiano Luigi Boccherinni, autor de música de Cámara, decide comprobar que clase de música hacen estos macarras, quedando tan impresionado, que decide innovar, haciendo lo increíble, mezclando la música de cámara con las castizas castañuelas.


Baile a orillas del Manzanares. Goya.

Pero a veces la Historia engulle a sus personajes y eso es lo que ocurrió con estos. Cuenta Alcalá Galiano, en sus Memorias, que el 2 de mayo de 1808, se estaba vistiendo para salir a la calle, cuando se oyeron grandes tumultos en el exterior, preguntando a su madre que qué era lo que ocurría. Sus palabras fueron de lo más elocuentes: Ya ha empezado.

La Guerra de la Independencia se llevaría por delante muchas cosas. Entre otras a los majos. En los cuadros de Goya, se les ve participar en las algaradas del 2 de mayo.

Decíamos que el pincel de Goya fue siempre sincero. La luz y el color con el que están pintada la gente maja no tiene nada que ver con los aguafuertes en blanco y negro de Los desastres de la guerra.

Goya es realmente fascinante. Es un pintor que se sale de lo común. Refleja en sus cuadros la realidad, pero además sus sentimientos. Por eso su evolución es algo increíble.

Después de la paz y de la funesta restauración monárquica en Fernando VII, el golpe de estado de Riego lleva a los liberales al poder. Han triunfado, por el momento, los que tienen las simpatías de Goya. Pero éste ya ha perdido la ilusión. Ha visto y retratado demasiado dolor y sufrimiento para creer en la Humanidad y en las ideas. Ya sólo ve odio entre los españoles. Ha perdido la esperanza. Se siente viejo, pesimista, cansado y triste. Pero sigue pintando. Esta vez vuelve a reflejar la Pradera de San Isidro.


La Romería de San Isidro. Goya. Un lugar oscuro y terrorífico

Se pueden comentar muchas cosas sobre este terrorífico cuadro, pero creo que una imagen vale más que mil palabras.

Ya no hay gente guapa. Ya no hay majas de mirada dulce y pícara. Ya no hay majos de pose chulesca. Sólo hay pobres, viejos, enfermos, fanáticos, gente oscura, terrorífica, agobiante. Quizá sólo es el reflejo de lo que es en ese momento España. Una España en la que no pueden vivir juntos liberales y tradicionalistas y sólo conciben la desaparición física de los otros.

Pero esto ya es otra historia…

La canción adjunta es Fandango, de Luigi Boccherinni, mezclando música de cámara con castañuelas, interpretado por La Real Cámara.


domingo, 23 de junio de 2013

El novio de la muerte


Corrían los años 20 del siglo XIX. Los pobres veinteañeros de los pueblos y de las capitales eran movilizados para ir África a morir en un desierto bajo un enemigo cruel e implacable: los rifeños, que no dudaban en torturar hasta la muerte a los que caían en sus manos.

La situación ya era insostenible. España había dejado de ser un imperio y los políticos corruptos del pucherazo, desde la comodidad de sus poltronas y despachos, seguían mandando tropas de pardillos a morir a África. Y como no podía ser de otra manera, la situación reventó en la Semana Trágica de Barcelona. El pueblo ya sabía lo que había pasado en El Barranco del Lobo, donde murieron más de 1000 españoles y ya nadie estaba dispuesto a ir o a enviar a sus hijos a un matadero. Pero ellos erre que erre. A ellos les daba igual, seguían viviendo bien y ni si acercaban por el desierto, no sea que una bala pérdida acabara en su culo.

La situación era completamente insostenible. Si España seguía intentando mantener su presencia en Marruecos, el país iba a explotar en un estallido social. Pero ellos erre que erre, firmando decretos de reclutamiento. Todo ello combustible para el terrorismo anarquista, que seguía poniendo bombas, que como todo terrorismo siempre matan o mutilan al que menos culpa tiene.

O España estalla o abandona África, ante el descrédito mundial. Por entonces, iban los países de chulitos y sobrados. La civilización se imponía por las armas y no por el prestigio y la cultura. Si España se amilanaba, se la comían. Aparte de que Abd elKrim quería como postre (muchas veces lo más rico) Ceuta y Melilla.

¿Qué hacer? Si España abandona África, los demás países la verán como débil. Si continúa persistiendo estallará porque no se puede mandar a gente a morir al desierto como si fuera ganado al matadero. Una retirada programada no estaba prevista y más teniendo en cuenta que los españoles no dominaban su protectorado.

En este impasse, Millán Astray, un brillante profesor de la Academia de Infantería de Toledo renunciando a su cómoda plaza, solicita destino en África, ya que quiere pasar de la teoría a la práctica. Allí comprueba que los cabileños es un enemigo orgulloso, valiente, cruel e implacable, que no hace prisioneros.

Se da cuenta que esto no funciona. Los pobres reservistas sólo quieren salir de este infierno y volver a casa, al pueblo o a la fábrica, con las tierras, con la novia. Y no se les cumple, ya que mueren como ratas. Y más cansados y deshidratados por el peso del equipo y la falta de una estrategia adecuada. Estos pobres no han visto un fusil en su vida. A lo sumo para cazar conejos. Así les va. Los españoles han muerto y en condiciones terribles. Han sido martirizados, torturados… En África se sabe, pero si esto llega a Madrid…


Millán-Astray, hacia 1900

Piensa que la única solución para combatir a un enemigo temible… es un ejército temible. Le inspiran los Tercios de Flandes, pero son otros tiempos muy distintos. 

Esto era como la cuadratura del círculo. Millán Astray hablaba y leía el francés y entonces llega a sus manos una traducción francesa del Código del Bushido de los samurais. Éste era un código militar extraordinariamente duro, por el que se regían los samurais. Hoy día es muy conocido por el auge de las artes marciales en los años setenta, pero por entonces no lo conocía ni Rita. En resumen, lo que se puede concluir del mismo (contiene más cosas y muy interesantes), es que una vida de deshonor se puede lavar con un hecho heroico. En el contexto budista, en el que se inspira, el acto supremo de entregar la vida en un hecho heroico, limpiaría una vida llena de mugre.

Piensa que los integrantes de ese ejército podía ser gente dura, acostumbrada a la vida dura. Muchos serían gente normal, aventureros, pero no cabe duda que habría numerosos delincuentes. Se empezó a interesar por este mundo. ¿Cómo se puede sacar partido de un atajo de delincuentes? O lo que es lo mismo ¿cómo transformar unos bandidos en unos caballeros?

Para crear el código legionario, se inspira en el código del Bushido, basado en un absoluto desprecio a la muerte, hasta el punto de reírse de ella. Estas ideas eran extrañas a la mentalidad española de la época (todavía no había llegado el kárate, el judo, Chuck Norris y demás), por lo que la imagen de Legión y la imitación fueron los tercios españoles, de quienes recogen el nombre y en los que se inspira su escudo.

Sólo los que están en África saben lo que es este infierno. Y los políticos hablan un lenguaje distinto. Pero quizá no todos los políticos sean iguales. En el Ministerio de la Guerra, el propio ministro, el general Tovar le escucha y emite un informe favorable. Así se imponen sus ideas, en África, en primera línea, sólo combatirían profesionales. Gente motivada, dispuesta a todo. Dispuesta y mentalizada para morir. 

Se hicieron cambios en el uniforme y equipo, adaptados a las circunstancias: uniforme claro, mimético, ligero, sólo camisa y pantalón sin casaca, botas cortas para servicio o guardias; pantalones cortos, alpargatas o sandalias, para largas marchas. Evitar la deshidratación sin un excesivo peso encima. La intendencia es fundamental. Sin descuidar la bajada de temperaturas nocturna en las guardias, capote y abrigo cuando sea necesario.

Millán Astray pasó de ser un intelectual a un aventurero al grito de ¡viva la muerte! Posee el número máximo de extremaunciones en vida, nada menos que cinco. Eran tiempos extraños y todo era posible.


Pero ¿quién es el novio de la muerte?

Era un cabo de la recién creada Legión Española. Allí estaba lo mejor de cada casa, aventureros, chorizos, rateros, camorristas, pero ninguno con grandes crímenes. En el momento que ingresaban en la Legión se hacía tabla rasa de su vida anterior, pero tabla rasa por completo, ya que como alguno se le ocurriera volver a sus andanzas quinquis, entonces se iba arrepentir de haber ingresado en la Legión.

Tan sólo dos ejemplos. Existía el entonces denominado “batallón de castigo”, que estaba integrado diariamente por legionarios con faltas tan leves como levantarse tarde, no mantener limpio el uniforme o el fusil. Les hacían correr a pleno sol con una mochila llena de piedras hasta que caían reventados. Siguiendo el credo legionario: El sufrir arresto en el pelotón es derecho del legionario que pecó militarmente; derecho que no debe desposeersele ni con indultos ni atenuaciones, y cuanto más plenamente realice el pago más se desliga de su falta, que al terminar el correctivo deja de pesar sobre él, puesto que se liberó pagando por ello su justo precio. De ñoñerías nada, el castigo no es un deber, sino un derecho para limpiar las faltas.

El otro ejemplo se debe a Franco. El hecho no ha sido desmentido por los historiadores franquistas, por lo que suponemos sea cierto. Siendo Franco comandante en la Legión, en la comida, dos legionarios llegan a las manos y uno arrojó el plato de sopa a otro. El que provocó el incidente fue condenado a morir fusilado. Así se las gastaban. 

En 1921, uno de estos primeros legionarios era el cabo Baltasar Queija de la Vega, natural de Riotinto, Huelva, de 18 años. Era un hombre raro, triste, meditabundo, temerario, sin apariencia de haber sido delictivo, pero algo hosco en el trato cuando le preguntaban por su pasado:

Nadie en el Tercio sabía
quien era aquel legionario
tan audaz y temerario
que a la Legión se alistó.

Nadie sabía su historia,
más la Legión suponía
que un gran dolor le mordía
como un lobo, el corazón.

Más si alguno quien era le preguntaba
con dolor y rudeza le contestaba:

Soy un hombre a quien la suerte
hirió con zarpa de fiera;
soy un novio de la muerte
que va a unirse en lazo fuerte
con tal leal compañera.

Evidentemente, el pasado en la Legión era cosa de cada uno, así que no le importunaban con eso, pero sabían que un gran dolor le mordía como un lobo, el corazón.

Era una persona a la que la vida le había tratado muy mal, pero tenía una ilusión. Había encontrado una mujer que le daba lo que nunca tuvo: cariño. Posiblemente alistado por la atractiva paga, pensaba que pronto saldría de la miseria y se casaría con ella. Pasaría penalidades, pero todo merecía la pena por darle a ella y a sí mismo esa vida de felicidad que nunca tuvieron.

Le llegó una carta y ese día todo cambió para él. Ella se moría y se despedía de él. En aquella época no era raro con tuberculosis, tifus, gripes y demás. Y desesperado y enajenado mentalmente, consideró que su vida ya no valía nada, por lo que decidió entregarla a España.

El mismo Millán Astray, en la revista “Nuevo Mundo”, contestando a una pregunta que le hacen sobre la clase de personal que tiene bajo sus órdenes en la Legión: “También la Legión ha tenido su poeta, un gran poeta, Baltasar Queija de la Vega. A poco de alistarse recibió la noticia de que había muerto su novia. Aunque era bravo como un león, yo le vi llorar como un niño al leer la carta... Quise consolarle y me dijo: “Mi teniente coronel, ¡Ojalá que la primera bala que se pierda sea para mí!

Mientras los demás legionarios rezaban para que Dios protegiese sus vidas, éste lo hacía para todo lo contrario, para que le llevase pronto. Pensaban que el hombre había enloquecido. Duras historias las de la Legión.

Era un 7 de enero de 1921, pocas horas después de, por fin, confesar a un compañero, todo el dolor que sentía su corazón, su escuadra fue atacada, cuando se realizaba la retirada de protección de unos caminos, pretendiéndose apoderarse de sus armas. El que autodenominaba “novio de la muerte” atacó y avanzó de una manera absolutamente temeraria, infundiendo un enorme valor al resto de la escuadra, pero al avanzar de una manera suicida, los disparos de los cabileños le dejaron tan agujereado como un queso de gruyere.

Cuando más rudo era el fuego
y la pelea más fiera
defendiendo su Bandera
el legionario avanzó.

Y sin temer al empuje
del enemigo exaltado,
supo morir como un bravo
y la enseña rescató.

El ataque cabileño fue rechazado y cuando sus compañeros se acercaron a él, aún vivía, pero, desangrado, su vida se iba por momentos.

Y al regar con su sangre la tierra ardiente,
murmuró el legionario con voz doliente:

Soy un hombre a quien la suerte
hirió con zarpa de fiera;
soy un novio de la muerte
que va a unirse en lazo fuerte
con tal leal compañera.

Todos murmuraban que pobre hombre, era valiente, pero un loco. En su camisa, llenos de sangre encontraron unos papeles.

Cuando, al fin le recogieron,
entre su pecho encontraron
una carta y un retrato
de una divina mujer.

Y aquella carta decía:
"...si algún día Dios te llama
para mi un puesto reclama
que a buscarte pronto iré".

Y en el último beso que le enviaba
su postrer despedida le consagraba.

Por ir a tu lado a verte
mi más leal compañera,
me hice novio de la muerte,
la estreché con lazo fuerte
y su amor fue mi bandera.

Hasta los rudos legionarios tienen su corazoncito. Y aquello les impresionó tanto que decidieron difundir la romántica y conmovedora historia.

En ambientes de mal vivir se debió de empezar a cocer la canción. Lola Montes, una cupletista, y Fidel Prado, que puso la letra, la dieron a conocer en Málaga. Cuando se estrenó en Melilla aquello fue un indescriptible éxito. Era la Guerra del Rif, Melilla era el objetivo. Estaba llena de españoles y en África ya se sabía el destino que les esperaba si caían en poder de las cábilas. Sólo estaba la Legión para defenderla. Según cuenta Lola Montes, aquello era una dulce y tierna emoción, cuando los legionarios, jefes, oficiales y tropa, la aplaudían a rabiar. Se trataba de dar moral en medio de los angustiosos días de julio de 1921, en los que se esperaba el asalto a la ciudad por las cábilas victoriosas de Annual. 

Dentro del código legionario, al igual que el de los marines, jamás se abandona a ningún legionario vivo (punto 2, Credo legionario: con el sagrado juramento de no abandonar jamás a un hombre en el campo hasta perecer todos). Y el blocao de Melilla cayó, después de morir todos y cada uno de los legionarios que lo defendían. 

Entre el tiempo que perdieron las cábilas en los saqueos de las poblaciones vecinas y entre el castigo y el tiempo que les hizo perder la Legión en el blocao (pagándolo con la vida de todos los legionarios), llegaba el socorro desde Ceuta por mar. Melilla estaba salvada.

Salvar a Melilla había costado la vida de todos los compañeros del novio de la muerte. La canción ya era un clamor popular. Duras historias las de la Legión.

Millán Astray decidió entonces cambiar el ritmo, de cuplé a marcha. Dada la fuerza emocional que tenía, serviría para honrar a los caídos. Este es el milagro de la “redención legionaria”, que convierte en caballeros a unos hombres, en muchos casos, marginados por la sociedad y a un cuplé de cabaret (o putiferio) en un canto para acompañar a Cristo clavado en la Cruz. 


Caballeros legionarios portando un Cristo crucificado. 
El novio de la muerte es una canción muy sentida por los legionarios.

La creación de la Legión frenó la sangría de jóvenes y reservistas muriendo en África, pero como los españoles somos gilipollas, nos metimos en una guerra incivil, para que muriesen todos los que tenían que morir en África más los que no tenían que morir.

Pero eso es ya otra historia…


sábado, 22 de junio de 2013

Hechos terribles que empezaron un 2 de mayo



Oigo, patria, tu aflicción,
y escucho el triste concierto
que forman, tocando a muerto,
la campana y el cañón;
sobre tu invicto pendón
miro flotantes pendones,
y oigo alzarse a otras regiones
en estrofas funerarias,
de la iglesia las plegarias,
y del arte las canciones.

Lloras, porque te insultaron
los que su amor te ofrecieron
¡a ti, a quien siempre temieron
porque tu gloria admiraron;
a ti, por quien se inclinaron
los mundos de zona a zona;
a ti, soberbia matrona
que, libre de extraño yugo,
no has tenido más verdugo
que el peso de tu corona!

Doquiera la mente mía
sus alas rápidas lleva,
allí un sepulcro se eleva
contando tu valentía.
Desde la cumbre bravía
que el sol indio tornasola,
hasta el África, que inmola
sus hijos en torpe guerra,
¡no hay un puñado de tierra
sin una tumba española!

Tembló el orbe a tus legiones,
y de la espantada esfera
sujetaron la carrera
las garras de tus leones.
Nadie humilló tus pendones
ni te arrancó la victoria;
pues de tu gigante gloria
no cabe el rayo fecundo,
ni en los ámbitos del mundo,
ni en el libro de la historia.

Siempre en lucha desigual
cantan tu invicta arrogancia,
Sagunto, Cádiz, Numancia,
Zaragoza y San Marcial.
En tu suelo virginal
no arraigan extraños fueros;
porque, indómitos y fieros,
saben hacer sus vasallos
frenos para sus caballos
con los cetros extranjeros.

Y aún hubo en la tierra un hombre
que osó profanar tu manto.
¡Espacio falta a mi canto
para maldecir su nombre!
Sin que el recuerdo me asombre,
con ansia abriré la historia;
¡presta luz a mi memoria!
y el mundo y la patria, a coro,
oirán el himno sonoro
de tus recuerdos de gloria.

Aquel genio de ambición
que, en su delirio profundo,
cantando guerra, hizo al mundo
sepulcro de su nación,
hirió al ibero león
ansiando a España regir;
y no llegó a percibir,
ebrio de orgullo y poder,
que no puede esclavo ser,
pueblo que sabe morir.

¡Guerra! clamó ante el altar
el sacerdote con ira;
¡guerra! repitió la lira
con indómito cantar:
¡guerra! gritó al despertar
el pueblo que al mundo aterra;
y cuando en hispana tierra
pasos extraños se oyeron,
hasta las tumbas se abrieron
gritando: ¡Venganza y guerra!

La virgen, con patrio ardor,
ansiosa salta del lecho;
el niño bebe en su pecho
odio a muerte al invasor;
la madre mata su amor,
y, cuando calmado está,
grita al hijo que se va:
"¡Pues que la patria lo quiere,
lánzate al combate, y muere:
tu madre te vengará!"

Y suenan patrias canciones
cantando santos deberes;
y van roncas las mujeres
empujando los cañones;
al pie de libres pendones
el grito de patria zumba
y el rudo cañón retumba,
y el vil invasor se aterra,
y al suelo le falta tierra
para cubrir tanta tumba!

¡Mártires de la lealtad,
que del honor al arrullo
fuisteis de la patria orgullo
y honra de la humanidad,
¡en la tumba descansad!
que el valiente pueblo ibero
jura con rostro altanero
que, hasta que España sucumba,
no pisará vuestra tumba
la planta del extranjero!

Con este triste y amargo poema, compuesto en 1866 por Bernardo López, recordamos en el 2 de mayo el inicio de unos terribles hechos que jamás debieron haber sucedido, unos hechos que cambiaron por completo la historia de España.

Pero, por horrorosos que sean los hechos, nunca debemos olvidarlos, ni dejar de investigar sobre ello. Todo lo contrario, debemos recordarlo, tenerlo presente, para que el funesto pasado jamás vuelva a suceder y aprender también que en los momentos en que la humanidad se vuelve odiosa, tampoco faltan en ella auténticos ejemplos de grandeza.

Por desgracia, a los españoles somos muy dados al gozo de la ignorancia histórica, al olvido interesado y a la manipulación del pasado. Y aunque peque de plasta porque esto ya se ha repetido hasta la saciedad, los pueblos que olvidan su historia están condenados a repetirla. 


La tragedia de un pueblo

Es falso que los ejércitos napoleónicos vinieran con el sano objetivo de modernizar el país. Como tan falso que Napoleón albergaba buena voluntad y la cosa se armó porque unos macarras tenían ganas de tirar de cheira. Esto claramente se demuestra porque en 1823, ¡tan sólo 15 años después! España volvió a ser invadida por el ejército francés y aquí no pasó nada. Evidentemente vinieron con otra actitud y otras maneras. A estos franceses se les llamó “los cien mil hijos de San Luis” y en cambio a los otros “los hijos de p…”

Los excesos de la soldadesca francesa, provocaron la revuelta popular. Sí, auténticamente popular, ya que los nobles y los altos cargos de la Iglesia y del ejército no tenían que aguantar a los franceses, pero sí lo tenía que hacer el pueblo llano.

Revuelta que avivó más el chulo impresentable y soberbio de Joachim Murat, el ricitos de oro, que no quería reconocer que la revuelta era popular y decía que sólo participaba la gente de la más baja estofa. Pero a pesar de pensar así, no dudo en dar escarmientos a inocentes, creyendo que el miedo aplacaría a los conatos insurgentes y lo que hizo que fue avivarlos más.

Revuelta que finalmente triunfó expulsando a los franceses, tras la apabullante victoria de Bailén. Pero Napoleón no era un hombre que se rendía fácilmente y no iba a consentir que un atajo de palurdos pusieran en aprieto a “La Grand Armée”. Montó en cólera cuando tuvo que distraer de Europa a sus mejores tropas para enviarlas a España. Y aún así no había manera de doblegar a esos tercermundistas. En un ataque de ira dispuso que los territorios al norte del Ebro pasaran a Francia. Pero eso todavía más enconó los ánimos y acongojó más a su bondadoso hermano José, ¿rey? de España, que vio que si poco tenía que hacer poco, ya todavía aún menos.

Pero los veteranos del mejor ejército del mundo seguían sin conseguir doblegar a esa chusma atrasada. Y Napoleón, el gran genio que revolucionó la ciencia militar, el triunfador en los campos de batalla de Europa, no podía entender que es lo que estaba pasando en España.

Desde la línea de Torres Vedrás, en Portugal, acudieron los ingleses en defensa de los españoles. Y no se sabía quienes hacían más daño, si nuestros enemigos o nuestros aliados. La chusma descontrolada del britano Moore saqueó pueblos enteros en Galicia. Al hombre le cayó el sanbenito porque encima de diñarla ese día por un disparo de artillería, el tema pasó a la Historia pasó con un nombre algo así como la retirada descontrolada de las tropas de Moore, cuando en realidad se debería haber llamado ahora que ha palmado el jefe podemos dar rienda suelta a nuestro espíritu quinqui. "La retirada británica se hizo a la manera tradicional de esos hijos de puta: con la arrogancia y crueldad anglosajonas habituales, saqueando, quemando y violando, sin importarles un carajo que la pobre gente víctima de su desorden fuese española, gallega y aliada" (Arturo Pérez-Reverte, El día que palmó Moore). Se dice con sorna que por eso en algunas localidades de Galicia, el porcentaje de personas con cabello rubio es muy superior a la media española. Maldita la gracia que tiene el jodío chiste.

Y no fue la única que armaron. Hasta tal punto llegó su descontrol, que Lord Wellington tuvo que restablecer el orden y la disciplina a base de fusilamientos. De ahí su famosa frase: “mi ejército es la escoria del mundo, por un trago son capaces de todo”. Tampoco pensaba mucho mejor de los españoles, a los que consideraba poco menos que un atajo de macarras cuya única aspiración era degollar franceses.

Una tragedia. La tragedia de toda España y de cada uno de los que participaban. Vidas rotas y destrozadas.

La tragedia de Goya, el genial pintor sordo, que tras años de admirar a los franceses, pasó a odiarlos en horas. Su horripilante serie de Los desastres de la guerra es un documental no apto para mentes sensibles. Si puso tanto empeño en ver y dibujar para la posteridad lo que estaba sucediendo no es de extrañar que al final se terminara volviendo loco.

La tragedia de aquel agricultor de Medina de Rioseco, al que los franceses mataron a sus padres y violaron y mataron a su esposa, y que enrolándose a la guerrilla afirma que lo único que quiere hacer ya en la vida es matar franceses.

La tragedia de José Bonaparte, Pepe Botella (como para no darle al drinking en su pellejo), lleno de candor y buenas intenciones, que ve como sus súbditos no le aman a pesar de todo su empeño y al que ridiculizan (se ríen de él llamándole borracho y jugador), y al que su hermano abronca diciéndole que no tiene lo que hay que tener.

La tragedia del cura Merino, sencillo párroco de pueblo, que se echa al monte cuando unos soldados franceses violan a una niña, que era su hermana.

La tragedia de algunos soldados franceses, sobre todo los primeros bisoños, ilusionados y con buena voluntad porque piensan que van a liberar un pueblo atrasado y que les recibirán con flores y vítores y ven con estupefacción como salen demonios hispanos llenos de odio hasta debajo de las piedras.

La tragedia del rostro de aquel inocente que le ilumina la luz de un faro y que es el centro del cuadro Los fusilamientos del 3 de mayo (al principio de este artículo). Inocente porque los franceses le registraron y le cogieron una navaja que tenía para cortar jamón o queso. De nada sirvió que demostrara que sólo era un curtidor y que no estaba en Madrid cuando sucedió la revuelta.

Me alegro infinitamente no haber vivido en esos tiempos porque el que tuvo la desgracia de nacer en el lugar equivocado y en el momento equivocado le crujieron.


Lo que perdió España

Es cierto que a finales del siglo XVIII, en España existían dos tendencias, una la de los enciclopedistas y reformistas y otra la de los conservadores y tradicionalistas. Aunque había exaltados en uno y otro bando, la inmensa mayoría de todos ellos coincidían en que el país necesitaba reformas, pero estas debían ser graduales y progresivas.

El despotismo ilustrado de Fernando VI y Carlos III, tras el cándido mensaje de procurar el progreso y la felicidad de los súbditos, dentro del respeto a la religión y a las tradiciones, estaba empezando a dar sus frutos.

En las universidades ya se hablaba y se discutía vehemente sobre Newton, Copérnico y Descartes y aunque existía un sector contrario a sus ideas, al menos éstas ya se discutían y no se prohibían. La Inquisición ya no quemaba a nadie y aunque conservaba mucho poder, sobre todo en lo relativo a la censura y a las penas infamantes, cada vez era más contestada socialmente y ya se hablaba abiertamente de la necesidad de su supresión, considerándose un lastre para el país.

La Iglesia también empezaba a cambiar y el clero también esta dividido entre los que consideraban la libertad como un derecho natural y los partidarios entre la unión del altar y el trono. Pero poco a poco también empezaba a cambiar. En este contexto, a finales del siglo XVIII se dictan las primeras leyes desamortizadoras y contra los mayorazgos, que no causa la ruptura abierta con la Iglesia (como ocurrió con la desamortización de Mendizábal) porque se ha intentado no herir susceptibilidades y hacerse de una forma gradual.

La agricultura del siglo XVIII no tenía que ver nada con la de siglos anteriores. Se amplían canales y regadíos. El convencimiento absoluto de la necesidad de producir alimentos había contribuido a la dignificación del campesino, retratándose Carlos III en uno de sus cuadros como labrador, contribuyendo a la necesaria dignificación del campo.

También se dejó de deslegitimar el trabajo manual y se le empezó a considerar tan digno como cualquier otro. España empezó a tener industria de mano de las reales fábricas, las más famosas de vidrio y de cerámica. Y las sociedades económicas de amigos del país contribuían a establecer y planificar que era lo que necesitaba el país y como se podía llevar a cabo.

Ya en tiempos de Fernando VI, se estableció la necesidad de que España tuviese una poderosa Marina y se terminó consiguiendo. Y se terminó perdiendo en Trafalgar por el mando inepto de Villeneuve (al que por cierto, Napoleón presionó tanto que se terminó suicidando, o le suicidaron).

Muchos avances científicos vinieron de la mano del Ejército. Los avances en cartografía de la mano de Jorge Juan, que tenía en proyecto un mapa de España basado en la triangulación geodésica, como muchos de los avances en Química, como la Ley de las proporciones definidas de Louis Proust, descubierta cuando éste trabajaba en el Real Laboratorio de Química en Segovia, que pertenecía a la Academia de Artillería. También Fausto de Elhuyar descubre un nuevo elemento: el wolframio. Y además se dan importantes progresos en la cirugía española.

La zoología y la botánica registraban avances significativos en la gran obra de Celestino Mutis. Los gabinetes de Historia Natural y la, como se decía entonces, necesaria domesticación de animales y plantas investigaba la nuevas posibilidades de cultivos y ganado, y más teniendo el tesoro que era América. Se crea el Museo del Prado, con el fin de albergar el que debía de haber sido el mejor museo de Ciencias Naturales del mundo (al final se transformó en pinacoteca por un capricho de Fernando VII, y menos mal, porque conociendo al personaje bien podía haber terminado siendo una casa de citas).

Pero no sólo se dan avances en las ciencias. Se crean la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando y la Real Academia de la Lengua (limpia, fija y da esplendor; hay que reconocer que los de las pelucas empolvadas algo cursis eran).Madrid ya no era la ciudad sucia y con una noche llena de navajadas traperas, que tan bien describe Pérez-Reverte. La obsesión de Carlos III de crear una capital bella, limpia y llena de jardines, terminará transformando a Madrid de mugre a cielo.

Afortunadamente ya no quedaba oro en las Indias Occidentales. Se perdió en inútiles y crueles guerras en Europa, que sólo supusieron para España un honor y un valor que excede las palabras (Alatriste); lo demás una inútil sangría humana y económica. Aparte de las pérdidas (mejor dicho, robos) en los saqueos de los corsarios ingleses, piratas elevados a la categoría de nobles, como sir Francis Drake.

Se estaba creando una nueva visión de América, ya no como una reserva de oro y riquezas materiales, sino como una reserva de riquezas naturales y humanas. Ya no sólo se creaban iglesias en el nuevo mundo, sino también universidades e imprentas.

En definitiva, España empezaba a progresar, muy despacio, pero seguro.

Y todo se perdió. Ya que se juntaron el hambre con las ganas de comer, tras una atroz guerra que España sufrió en todo su territorio, convirtiéndose en un escenario de devastación. Devastación como desgaste vital, pérdidas humanas, hambre y que la violencia sea parte habitual de la vida.

Y tras esto, tuvimos en vez de un rey, un cáncer. Fernando VII después de rilarse ante Napoleón y firmar que le entregaba España, la corona y todo lo que hiciera falta, vuelve y en vez de darse cuenta del sufrimiento indecible de su pueblo sale con que hazme más, que más me merezco. Encima jaleado por gran parte de los españoles. Hay que reconocer que somos un pueblo difícil de entender.

Años de violencia y de vivir sobre el terreno hicieron de España uno de los países más inseguros. Es la época dorada de Curro Jiménez, el Algarrobo, el Estudiante y el Gitano. Bandolerismo que no se terminó hasta décadas más tarde, tras la creación de la Guardia Civil.

La cultura dio paso a la zafiedad y a la chabacanería. Fernandito VII colocó de asesor a uno de sus jardineros, ya que se partía con sus chistes horteras y sus ordinarieces. Se crearon piezas musicales de una enorme dulzura y sensibilidad como El Pendón Morado (¡míralo, míralo y muérete, vil servidor!) o el Trágala (¡trágala, trágala, perro!).

Se rompió ese tácit consenso que existía entre reformistas y tradicionalistas. La guerra de la independencia y la radicalización en el reinado de Fernandito lo hicieron imposible. Los liberales (isabelinos) y los tradicionalistas (carlistas) consideraron que los otros sobraban en España y en el mundo. Y franceses e ingleses, que tanto daño hicieron a España, luego intervinieron para bien de ella, intentando inútilmente tranquilizar los ánimos e intentar que los españoles no se destrozasen como bestias y que se respetasen los más elementales derechos humanos, como hacer prisioneros.

Pero esto ya es otra historia…

La canción que hoy presentamos es una muestra de lo que se perdió. La pieza pertenece al barroco americano del Perú y se llama Hanacpachap Cussicuinin. Obra Sacra Anónima, compuesta en los tiempos de las Misiones Jesuíticas en América. Fue encontrada en el "Ritual Formulario e Institución de Curas" de Juan Pérez de Bocanegra, Cuzco 1631. El texto dice algo así:

De los cielos, mi alegría, miles de gracias te daré y te honraré en lo profundo por la abundancia de los frutos. El hombre encomienda en su espera su fuerza por el poder, apoyado en tu nombre. Escúchanos este ruego, adorado y reverenciado poderoso Dios y Madre de Dios. Que lo oscuro quede claro. Contado está el alimento de sal para nuestro ganado. Confiamos y esperamos que tu Hijo haga su aparición.

El original es sin acompañamiento instrumental. El arreglo pertenece a Paolo Riquelme, director del conjunto Ars Excelsa Ensemble, conjunto chileno de música antigua.

En el siglo XVIII, coros indígenas cantaban y componían canciones con una belleza y delicadeza que hoy nos parece imposible. Los jesuitas (¿Quién no ha visto La misión?) intentaban demostrar que los indios, con una adecuada educación y cultura terminarían logrando lo mismo que un blanco (un criollo, en la terminología de la época).

Después de oír esta canción, es imposible no creérselo.


jueves, 4 de marzo de 2010

España y Portugal se reparten el mundo a finales del siglo XV


A finales del siglo XV, las mayores potencias en navegación son España y Portugal (Inglaterra aún estaba muy lejos del fabuloso poderío marítimo que llegó a tener). Las Islas Canarias habían sido pretendidas por Portugal en varias incursiones, pero a principios del siglo XV son conquistadas por particulares en nombre de la corona de Castilla. Este hecho no gustó a Portugal. Ambas potencias dirimieron sus diferencias tomando como árbitro al Papa. De esta manera, Eugenio IV en la bula Dudum cum ad nos (1436) toma una decisión salomónica, concediendo a Castilla las Canarias y a Portugal las otras islas (Madeira, Azores y Cabo Verde) y el espacio de las islas de Canarias para baxo contra Guinea.

Cuando en 1492 se produce el descubrimiento de América, el tema iba a traer conflictos. Como el Papa ostentaba el dominio temporal sobre los infieles concede en varias bulas el derecho de Portugal en las costas de África, derecho que Castilla reconoce en el Tratado de Alcáçovas (1479).

Los Reyes Católicos solicitan entonces del Papa Alejandro VI el derecho sobre América. Que fue concedido en cuatro bulas: Inter cetera y Eximie devotionis, de 3 de mayo de 1493, otra Inter cetera, de 4 de mayo de 1493, y la Dudum siquidem, de 26 de septiembre de 1493.

Y aquí viene el lío. Se reparte el mundo en cuatro documentos, dos de ellos con fecha del mismo día, otro al día siguiente y otro unos meses después.

Y todo ello ¿por qué? Analicémoslas una por una.

La primera, la Inter cetera I, concede América a los Reyes Católicos, pero con la condición de predicar el Evangelio. La segunda, Eximie devotionis, otorga a Castilla los mismos derechos que poseen los portugueses en África.

La Inter cetera II, al día siguiente, reparte el mundo por descubrir. Cien leguas al oeste de las Islas Azores y Cabo Verde para Portugal, y más allá de esa línea para Castilla.

Finalmente, unos meses después, la última bula Dudum siquidem, da a los Reyes Católicos en América los mismos derechos sobre los indígenas no cristianos que a Portugal en África.

Todo aclarado. ¿Aclarado?

Vander Linden demuestra en 1916, que las tres primeras bulas fueron despachadas en los meses de abril, junio y julio de 1493. Según su teoría, las fechas fueron amañadas.

Giménez Fernández piensa que los Reyes Católicos habían caído en la excomunión por haber traspasado los límtes del Tratado de Alcáçovas y por otra parte, el Papa había caído en simonía, al querer casar a su hijo con una prima del rey Fernando. Así que decidieron “si tú te callas, yo me callo”. Según este autor, cada bula anuló la anterior.

Para García-Gallo, las tres bulas fueron redactadas el mismo día y fechadas y tramitadas en días distintos. Todo corresponde a un plan preconcebido por los Reyes Católicos para superar las dificultades jurídicas del descubrimiento de América.

Según Manzano, la primera bula no convence a los Reyes Católicos, por lo solicitan otra. Tampoco está claro si alguna bula anula a otra.

Todo esto generó conflictos entre España y Portugal, que finalmente acabarían en el Tratado de Tordesillas, desplazando la línea, para perjuicio de España a trescientas leguas al oeste de las Islas de Cabo Verde.

Planisferio de Cantino, 1502. Como se puede observar, apenas se tiene  conocimiento sobre la magnitud del continente americano

Planisferio de Cantino, 1502. Como se puede observar, apenas se tiene

conocimiento sobre la magnitud del continente americano

¿Qué ocurrió después? Qué debido a la defectuosa cartografía existente, no se respetaron las demarcaciones. Portugal se extendió tierra adentro, en lo que es hoy el actual Brasil y España tomó las Filipinas, dentro del territorio asignado a Portugal. Y a esto hay que añadir que el Tratado de Tordesillas dejó de estar en vigor en los años que España y Portugal estuvieron unidas bajo la misma corona, de 1580 a 1640.


Pero eso ya es otra historia...

La canción de hoy es Más vale trocar del músico salmantino Juan del Encina, músico cortesano, contemporáneo (y posiblemente apoyado) de los Reyes Católicos, que entró al servicio del Duque de Alba y terminó sus días en Roma, al servicio del Papa.

Es una bonita canción, romántica, respetuosa, pero al tiempo pícara (muy al estilo renacentista) sobre lo bello y doloroso del amor, anticipándose en varios siglos a lo que sería el pensamiento romántico del siglo XIX, en esa tensión dolorosa y bella de lo que es el amor.


Por cierto, trocar significa cambiar.


Más vale trocar placer por dolores
que estar sin amores.

Donde es gradecido es dulce el morir;
vivir en olvido, aquél no es vivir;
mejor es sufrir pasión y dolores
que estar sin amores.

Es vida perdida vivir sin amar 
y más es que vida saberla emplear; 
mejor es penar sufriendo dolores 
que estar sin amores. 

La muerte es vitoria do vive afición, 
que espera haber gloria quien sufre pasión; 
más vale presión de tales dolores 
que estar sin amores. 

El ques más penado más goza de amor, 
quel mucho cuidado le quita el temor; 
así ques mejor amar con dolores 
que estar sin amores. 

No teme tormento quien ama con fe, 
si su pensamiento sin causa no fue; 
habiendo por qué más valen dolores 
que estar sin amores. 

Amor que no pena no pida placer, 
pues ya le condena su poco querer; 
mejor es perder placer por dolores 
que estar sin amores.








Para saber más


Escudero, José Antonio. Curso de Historia del Derecho. Fuentes e Instituciones político- Administrativas. Madrid, 1995.

Wikipedia. Tratado de Tordesillas. Disponible en Internet: http://es.wikipedia.org/wiki/Tratado_de_Tordesillas